Aceituneros

Aceituneros

De una noche a otra, los cajeros de los bancos guardan los enseres de los “aceituneros” llegados de otras tierras.

“Andaluces de Jaén, aceituneros altivos…..” reza la poesía del eterno Miguel Hernández “Aceituneros”. Miguel Hernández, el poeta de Orihuela, ”su pueblo y el mío”, a pesar de no ser de ésta tierra se sensibilizó rápidamente con la realidad de los trabajadores del inmenso mar de olivos.

Como todo el mundo sabe casó Miguel con Josefina Manresa, natural de Quesada, dónde 72 años después de su muerte ha regresado su legado y donde compartirá museo con el también eterno Rafael Zabaleta. Ambos genios comparten una forma realista y cruda de retratar a la gente del campo de nuestra  provincia, que en el museo que se inaugurará en Quesada se complementarán perfectamente dando una imagen fidedigna del campesinado jiennense de principios y mediados del siglo pasado.

Por lo pronto ya hay página web para el museo de Miguel Hernández  y sede desde hace tiempo para el de Rafael Zabaleta, cuya visita es un “must” para cualquier amante de la pintura y de la historia y realidad de nuestra provincia que se precie.

Viene éste alegato no por el reconocimiento que ambas figuras se merecen, tanto por el valor de su expresión artística, como por el gran servicio que han prestado dando a conocer nuestra provincia por todo el mundo, sino porque la realidad que en su día retrataron hoy se repite a causa de la crisis en las familias más necesitadas de nuestra provincia. Realidad que se ceba en mucha mayor medida con la población inmigrante que con motivo de la recogida de la aceituna nos visita.

Éste caso es especialmente sangrante en la ciudad de Úbeda, Patrimonio de la Humanidad, y que de seguir así puede que en un futuro se convierta  en  Patrimonio de la Inhumanidad. Porque la estampa que podemos ver en sus calles clama al cielo. Cientos de personas durmiendo en cajeros de bancos y en pasajes de la ciudad atendidos por la solidaridad de los vecinos, mientras que desde las distintas instancias políticas se sigue ignorando  realidad y el sufrimiento de éstas personas.

Aquellos aceituneros de “tantos siglos de aceituna, los pies y las manos presos…” hoy tienen un color de piel distinto, pero en sus caras podemos observar el mismo sufrimiento y desamparo. Años después el envoltorio cambia, pero la miseria se ceba siempre con el más indefenso y nuestras sociedades de smartphones e Internet  conviven con la misma miseria de hace siglos.

Así que, una vez más, hacer un llamamiento para que los políticos resuelvan los problemas de los ciudadanos. Que éstos muchachos venidos de muchas veces no se sabe dónde también lo son. Y para que no se deje en manos de la caridad y la buena fe de los vecinos de ésta ciudad lo que debería ser competencia de los Servicios Sociales. Servicios Sociales que de una forma soterrada se están eliminando en nuestro país, cambiando la “justica social” por la “caridad”, y que nos traen recuerdos de unos tiempos que hace tiempo deberían haber pasado para no volver.

P.D. Mi más sincero reconocimiento y admiración a las personas que en los comedores o en los pasajes de ésta ciudad desinteresadamente se preocupan por éstas personas y hacen que su día a día sea más llevadero, haciendo que la antigua “caridad” se esté transformando cada vez más en “solidaridad”.

Sexo, secuestros y mentiras en el olivar

Pues ya llegamos al tema que a todo el mundo interesa. Los bien pensados imaginarán lozanas mozas corriendo semidesnudas por esos olivares de Dios, perseguidas por algún sátiro, miembro viril en ristre. Pero no, en este caso la cosa es mucho más sofisticada. En nuestros olivares se dan unas relaciones sexuales muchísimo más complicadas. Relaciones entre miembros de distintas especies, que como en los culebrones, recogen desengaños amorosos y amores no correspondidos. Pero en los que el amante despechado, como un Don Juan, vuelve a casa con una sonrisa agridulce, nunca mejor dicho.

Los seguidores habituales del blog, sabiendo del pie que cojeo, sabrán ya que estoy hablando de flores e insectos. Pequeñas flores que podemos encontrar en nuestros olivares, con unas historias increíbles que se han desarrollado a lo largo de miles de años de evolución. Flores tremendamente evolucionadas que para reproducirse han ideado las más complicadas tretas. Hoy hablaré de dos especies que por su complejidad bien merecen ellas solas un post: Ophrys lutea y Aristolochia paucinervis.

Ophrys lutea, la Flor de la Abeja Amarilla.

Ophris lutea

Ophris lutea, la Flor de la Abeja Amarilla

Es una pequeña flor de la familia de las Orquidáceas. Cuando se habla de orquídeas todo el mundo piensa en flores exóticas, tropicales, relacionadas con la aventura en selvas lejanas. Pero nada más lejano de la realidad, éstas flores están extendidas por casi todo el mundo con un gran número de especies.

Ya el nombre de la familia es puramente sexual: “Orchis” en griego significa “testículo”, haciendo alusión al tubérculo de la planta y su parecido con las gónadas masculinas. También eróticas han sido las películas que han utilizado el nombre, como en el caso de “Orquídea salvaje”, protagonizada por Mickey Rourke y Jacqueline Bisset en 1990.

En la mitología griega, Orquis es el hijo de una ninfa y un sátiro.  En una fiesta en honor del dios Dionisio (Baco), bebe demasiado e intenta violar a una sacerdotisa. Ella se defiende y pide ayuda a los animales salvajes del bosque, que le atacan y matan. Mirando su bello cadáver, ella pide a los dioses que le devuelvan a la vida, pero éstos lo hacen solo a medias y le convierten en un vegetal, la hermosa orquídea.

“Ophrys” en griego es “ceja”, no sabemos si por la vellosidad de la flor o por la forma arqueada de los sépalos, y “lutea” es amarillo. Comúnmente se la conoce como Flor de la Abeja Amarilla.

Para polininizarse la flor imita la forma de la hembra del insecto polinizador con los dibujos y pelos que presentan en el abdomen. Además exhalan un aroma similar al que tiene la feromona de la hembra.  En nuestro caso los insectos polinizadores son abejas del género Andrena, que construyen sus nidos bajo tierra.

La imagen que presenta el conjunto es el de una hembra posada en una flor, como si estuviera buscando polen.

Los machos se aproximan para intentar copular con ella y lo único que consiguen es polinizar las flores. Como todos los machos, esto lo intentan con muchas flores, con lo que la polinización queda asegurada.

Este mecanismo funciona porque los machos de éstas especies empiezan a volar unos días antes de que lo hagan las hembras, coincidiendo esos días con la floración de las plantas. De ahí que ésta no dure más de 8 días. Una vez que las hembras empiezan a volar, los machos, como es lógico, pierden el interés por las flores y casi no visitan las flores.

Esta coordinación suele ser casi exacta y aún es un misterio como funciona el reloj biológico de la flor para adaptarse al insecto y a los primeros vuelos de los machos.

En el caso de bosques, la presencia numerosa de orquídeas es sinónimo de la buena salud de los mismos. Por lo que la aparición de éstas flores en nuestros olivares certifica mejor que cualquier organismo administrativo el manejo sostenible de la finca donde aparecen.

Aristolochia paucinervis o Aristoloquia.

Aristolochia paucinervis

Aristolochia paucinervis o Aristoloquia

Otra pequeña planta rastrera, que a menudo pasa inadvertida y que podemos observar también en nuestros olivares. En éste caso la conducta sexual de la interfecta puede ser punible por la ley porque al engaño añade el secuestro.

Su nombre deriva del griego “aristos”, que significa “que es útil”  y  “locheia”, cuyo significado es “nacimiento”, por su antiguo uso en su ayuda en los partos. Sin embargo, según Cicerón, la planta lleva el nombre de un tal “Aristolochos”, que a partir de un sueño, había aprendido a utilizarla como un antídoto para las mordeduras de serpiente.

“Paucinervis” viene del latín y significa “poco veteado”, haciendo alusión a la flor. Vulgarmente se la conoce como Aristoloquia.

Pues bien, esta planta, menos espectacular que sus parientes tropicales como en el caso de las orquídeas, usa para poder polinizarse una flor-trampa de forma tubular y con la base engrosada. Los insectos que la polinizan son dípteros, es decir, moscas, mosquitos y mariposillas nocturnas.

Ésta flor exhala un olor a carne descompuesta, que junto al color amarronado-violáceo que adquiere, la hace irresistible para éstos insectos, que entran en ella para alimentarse. Entrar entran, pero no pueden salir porque la flor está tapizada de pelillos rígidos orientados hacia abajo que impiden la fuga del incauto insecto.

El secuestro puede durar varios días y a fin de mantener con vida al prisionero la flor segrega néctar rico en azúcares. Para evitar autopolinizarse la flor no suelta su polen hasta que los ovarios no se han fecundado con el polen proveniente de otra planta.

Una vez consumado el acto los pelos se marchitan y se pliegan sobre la superficie dejando vía libre al insecto, que como su memoria no es muy grande volverá a caer, no sabemos si voluntariamente o no, en el engaño de otra planta.

El olivar, como hemos dicho más de una vez, atesora cultura e historias dignas de cualquier gran documental de National Geographic, sin necesidad de trasladarse al Serengueti, ni a las grandes Selvas Tropicales. Eso sí siempre a una escala muchísimo menor, pero no por eso menos interesante.

Necesitamos un olivar sostenible para garantizar la pervivencia del cultivo en las actuales circunstancias. Por eso debemos conocer el ecosistema y mantenerlo, a la vez que aportarlo como un valor añadido a la hora de promocionar el producto.

Por eso, como en El Principito, es importante  “ …..que conozca yo una flor única en el mundo que no existe en ninguna parte salvo en mi planeta, a la que un corderito puede aniquilar de un golpe, así sin más, una mañana, sin darse cuenta de lo que hace……”.

Costumbres y tradiciones (III): “Esparto”

aceite de oliva

Espuerta de pleita.

El milenario cultivo del olivo ha venido acompañado de otro cultivo no menos milenario: el del esparto. Su uso ha ido pasando de generación en generación a través de los siglos permaneciendo invariable en las comarcas donde ha subsistido, siendo una de las costumbres más antiguas y que menos alteraciones ha sufrido hasta nuestros días.

El nombre del esparto proviene del latín “Spartium, I” y éste a su vez procede del griego “Spàrtos” o “Sparton”.

El esparto se obtiene de la atocha cuyo nombre científico es el de Stipa Tenacissima, utilizándose también el albardín, Ligeum spartum, cuyas hojas son de menor longitud y de textura más suave. Estas plantas constituyen las últimas etapas de degradación del monte mediterráneo.

Esparto y olivo han convivido desde la más remota antigüedad hasta los años 70 del pasado siglo en que las fibras sintéticas vinieron a derrocar la hegemonía que esta fibra vegetal mantuvo durante milenios.

Uso del esparto

El uso del  esparto por el hombre se remonta a la noche de los tiempos, habiendo ya referencias escritas en el siglo III a.c., así como de su existencia y comercio en Iberia, en las que Estrabón describe una llanura inmensa “donde crece abundantemente la especie de esparto que sirve para tejer cuerdas y se exporta a todos los países, y principalmente a Italia…”

Por su parte Plinio nos narra que:

El esparto, cuyo aprovechamiento se inició muchos siglos después, no se comenzó a emplear hasta la guerra que los púnicos llevaron primeramente a Hispania. Trátase de una hierba que crece espontáneamente y que puede sembrarse; una especie de junco propio de terrenos áridos…..En la Hispania Citerior, se encuentra en una zona de la Carthaginense, y no en toda, sino sólo en una parte; pero allí donde crece lo hace incluso en los montes. Los campesinos confeccionan de él sus lechos, hacen fuego, forman sus antorchas y fabrican su calzado; los pastores hacen incluso de él sus vestidos. El esparto, excepción hecha de sus extremos tiernos, es nocivo para los animales. Al colectarlo se arranca cuidadosamente, envolviendo las piernas en fundas y las manos en guantes; se le enrolla en un vástgo de hueso o de roble. Actualmente se arranca también en invierno, si bien el momento más propicio va de los idus de mayo a los de junio, que es la época de su madurez. Para satisfacer todos éstos usos no hay otra extensión de cultivo que un campo de 30.000 pasos de latitud por 100.000 de longitud en la zona de Carthago Nova.”

El producto se comercializaba en Carthago Nova, adónde venían a buscarlo desde otros lugares del Mediterráneo por su calidad y por la certeza de encontrarlo aquí en cantidades ilimitadas. Los testimonios a este respecto son abundantes destacando los de César que mandó que se trajese de Hispania hierro y esparto para equipar sus naves y Tito Livio que narra el interés de Asdrúbal  por acumular esparto para la construcción de naves.

Con esparto se contruyeron las hondas que los honderos baleáricos utilizaron contra Escipión en la Batalla de Baécula, que actualmente se sitúa en el Cerro de las Albahacas de Santo Tomé (Jaén). Estos honderos baleáricos eran un cuerpo mercenario del ejército cartaginés y provenían del archipiélago balear. Llevaban tres hondas: Una enrollada en la muñeca a modo de brazalete que era usada en distancias cortas, otra enrollada en la cabeza a modo de cinta que se usaba para lanzamientos de alcance medio y por último, una atada a la cintura a modo de cinturón que era usada para lanzamientos más largos y potentes.

Ya más modernamente y recogiendo la importancia que el esparto tenía para la población,  las Ordenanzas de Jódar prescriben el castigo a  los forasteros que rocen atochas en su término municipal:

Otro sí, por quanto los forasteros hacen mucho daño y agravio a los vecinos de esta villa en rozar las atochas y demás monte vaxo del término y deesas para que no subzeda y se escuse ese perjuicio, acordamos y mandamos que cada persona forastera que se hallare en dicho término, caiga en pena de trescientos maravedís por cada carga mayor, y si fuere menor en doscientos por cada vez que fuese apreendido, y su fuere en la deesas pague al dueño y dicha pena se aplique como va referido”

De la misma manera recogen que:

Otro sí, por quanto la leña seca y esparto es muy conveniente para los vecinos y especialmente para los pobres, ordenamos que si algún forastero se hallare coxiendo esparto o cortando leña seca sea condenado en doscientos maravedís, aunque sea leña verde de pino, por cada vez, y dicha pena se aplique en la forma referida”

Tal fue su importancia que fue considerado de carácter estratégico por el Estado, constituyendo un elemento insustituible hasta la segunda mitad del siglo XX.

Hasta los años 60 la recogida y elaboración del esparto constituía el modo que las familias más modestas tenían para alimentarse y complementar los escasos ingresos que obtenían  de los jornales de la recolección de aceituna, la escarda de las siembras y la siega de los cereales.

Su recolección se hacía al igual que narra Plinio, con un sencillo útil de hierro o madera, en el que se enrollan las largas hojas de la mata para arrancarlas con un fuerte tirón del espartero. Una vez arrancado se extendía al sol para su secado durante 3 o 4 días. A continuación se cocía sumergiéndolo en agua estancada por espacio de 21 días. El laboreo usaba dos técnicas, una con esparto picado y otra con esparto sin picar.

La principales labores que se tejen con esparto son la Tomiza de dos ramos y los ramales de distintos grosores y número de ramos, la Pleita, que es la banda plana trenzada hecha con esparto crudo o sin picar, y se compone de una anchura variable hasta un máximo de 11 ramos o cabos y la Crizneja, que es la banda plana hecha con esparto picado, cuyo ancho oscila según sus usos, y se compone de 3 a 5 ramos o cabos de esparto.

En el caso del olivar la principal aplicación era la elaboración de capachos para el prensado de la aceituna en las almazaras, utilizados en prensas hidráulicas como filtros para la extracción a presión del aceite de la masa de la aceituna y los capachos para el transporte de la misma a lomos de caballerías, con el mismo nombre pero distintos de los anteriores. Además y como recoge Plinio, con él se elaboraban sogas, cuerdas, maromas, envases, enseres, calzado, útiles, esteras y otros objetos.

Actualmente en algunos pueblos de la comarca de Sierra Mágina quedan todavía algunas personas mayores que fueron testigos de la importancia que esta fibra tuvo para la vida diaria y para las labores del olivar, y que han sido testigos del paso de una cultura milenaria y ancestral que se pierde en la noche de los tiempos a la actual cultura del plástico y de la mecanización. Como si en una vida se hubiesen vivido dos distintas y con miles de años de diferencia. En su vida  pasaron del arado y de la tracción animal al tractor y de los útiles de esparto a los plásticos y fibras sintéticas que en la actualidad lo inundan todo.

 

Cartagineses y romanos

Sierra de Cazorla

Santo Tomé con Iznatoraf al fondo desde el Cerro de las Albahacas, escenario de la Batalla de Baécula.

Y dirá el amable y paciente lector: ¿ Qué pintan los Cartagineses en un Blog sobre mundo rural y aceite?.

Pues pintan, vaya si pintan. Porque aunque la Real Academia de la Lengua aún no lo reconoce olivar se escribe con  ” H ” y mayúscula. ” H ” de “Historia”, porque los lugares donde se asientan nuestros centenarios olivares están plagados de Historia. Jaén fue siempre tierra de paso de civilizaciones y durante la Reconquista “Tierra de Frontera” como atestiguan sus innumerables castillos.

Pero a lo que vamos: Cartagineses y romanos se enfrentaron en las famosas Guerras Púnicas. En aquel tiempo Hispania y la Bética conformaron el tablero de juego donde se dirimió la hegemonía romana en el Mediterráneo.

En Santo Tomé (Sierra de Cazorla) parece ser que tuvo lugar en el año 208 a.c. la tan traída y llevada Batalla de Baécula ( traída de Bailén y llevada a Santo Tomé) en el que hoy se conoce como Cerro de las Albahacas y cuya situación geográfica y morfología se adapta perfectamente a las descripciones que daban de esta batalla los historiadores romanos Tito Livio y Polibio.

La batalla

Andaba Asdrúbal, hermano del famoso Aníbal, por las inmediaciones de Cástulo (cerca de Linares), cuando se enteró de que Publio Cornelio Escipión ” El Africano” se dirigía a su encuentro desde Tarraco tras la exitosa conquista de Cartago Nova, capital cartaginesa en Hispania.

Asdrúbal había prometido a su hermano cubrir su retaguardia en Hispania, así como reunir oro y riquezas que cubrieran la campaña que éste estaba llevando a cabo contra los romanos en la Penísula Itálica. Así que para no arriesgarse se trasladó a un cerro cercano a la ciudad de Baécula para instalar su campamento y esperar refuerzos de su hermano Magón y Asdrúbal Giscón.

Lo sucedido en Baécula es bien conocido: Pese a la igualdad numérica de las fuerzas de cartagineses y romanos y la posición de ventaja del ejército cartaginés, el genio militar de Escipión inclinó la Batalla del lado de los romanos, ganando ésta y asentando la hegemonía romana en el Mediteráneo.

Actualmente en estos olivares del Cerro de las Albahacas se encuentran localizados los restos de lo que debió ser el campamento cartaginés, así como numerosos restos de material bélico de aquella época.

El olivo como árbol milenario que es, ha sido testigo del ascenso y caída de civilizaciones enteras y actualmente hunde sus raíces, incluso físicamente, en lo más profundo de los orígenes de nuestra cultura occidental, siendo transmisor de una Cultura que se pierde en la noche de los tiempos.

Cuando hoy vemos los tajos en su batalla diaria por recoger la aceituna en este Cerro, armados de tractores, sopladoras y vibradoras nos es difícil imaginar que sea el mismo escenario que hace miles de años albergó una batalla en la que murieron miles de hombres y en la que se enfrentaron dos de los grandes imperios de la época.