De osos, hormas, laurisilvas, buitres y huelgas.

Más de uno al ver el título se preguntará si repentinamente me he aficionado a los crucigramas. No es un crucigrama, pero todos estos elementos se enlazan armoniosamente tanto el la horizontal como en la vertical de un sendero de la desconocida Sierra de las Villas.

Como prometí al comienzo del Blog, éste versaría además de sobre las Culturas de la Aceituna y del Aceite, sobre las Sierras que acogen a éstos olivares y a sus gentes y que son las fuentes que dan de beber a gran parte de Andalucía.

Pues bien, este sendero en un trayecto de unos 4 kilómetros y con un desnivel de 426 metros nos muestra en un gran fresco lo que ha sido la lucha del hombre ante un medio no demasiado amable en tiempos en los que el uso de maquinaria no era moneda común.

Sendero de la osera

Olivares y monte, en el comienzo del sendero de la osera

El sendero del que hablamos se encuentra a pocos kilómetros de la población de Mogón. Su nombre: “Sendero de la Osera” nos habla de especies desconocidas en la actualidad en estas Sierras, pero de las que nos ha quedado constancia en topónimos como “La Osera” o “La Dehesa del oso”, en el término municipal de Siles. Además de en libros como el “Libro de la montería”, de Alfonso XI, que explicaba que las vecinas Sierras de Segura eran “buen monte de oso et de puerco en verano”.

Partiendo de la población de Mogón nos vamos adentrando en la abrupta y desconocida por muchos, Sierra de las Villas. A nuestra derecha e izquierda podemos observar olivares tradicionales arraigados en pendientes imposibles y que escalan hasta las cimas más altas compitiendo con rocas y vegetación montaraz.

Sendero de la osera

Hormas y olivares en pendiente.

El hombre en su lucha por el sustento, le construyó a cada árbol una horma de piedra, intentado dotar a cada uno de una mínima superficie horizontal que retuviera agua y tierra en unos desniveles de vértigo.

Las hormas son pequeños muros de piedra seca, normalmente de poca altura, y que se han construido para retener tierras en los bancales y obtener superficies llanas donde poder cultivar. O como en éste caso, buscar la horizontal en un entorno vertical.

Nuestro sendero, que cuando el desnivel deja, discurre paralelo al río, conserva un bosque de rivera compuesto por madroños, durillos, labiérnagos, olivillas, barbadijas y lianas; vegetación noble heredera de las laurisilvas terciarias que recubrieron nuestras latitudes y que conservan de su glorioso pasado tropical sus hojas anchas y lustrosas, aunque de tamaño más reducido para adaptarse a las condiciones más secas de la actualidad.

También encontramos al literario boj, refugiado en éstos barrancos en su localización más meridional de toda Europa.

Durante todo el camino el vuelo del buitre leonado nos acompaña, pues en los cortados calizos se ubican numerosos nidos de esta especie y observamos como espacios arrebatados antaño al monte para el cultivo del olivo son colonizadas nuevamente por la vegetación noble.

Cascada de la osera

Cascada de la osera

Aunque el desnivel es importante, vale la pena ascender para acercarnos al principal salto de agua de esta ruta, que despeñándose desde una altura de 132 metros es el más alto de toda Andalucía.

Sendero de la osera

Cascada en las proximidades del pantano de las Aguascebas.

Tras la cascada tomamos aire y ascendemos en zig-zag en busca del pantano de las Aguascebas que próximo a su aliviadero nos mostrará otro salto de agua menos espectacular y otro ejemplo de convivencia del hombre con el medio: Las huelgas.

Sendero de la osera

Huelgas a la orilla del río Aguascebas

Las huelgas en éstas sierras son pequeñas vegas en los cursos altos de los ríos de montaña que a falta de superficie fértil donde cultivar eran aprovechadas para la implantación de los pequeños huertos de subsitencia que daban de comer a las familias.

Así que, aún a falta del legendario oso en este recorrido, este rincón de la Sierra de las Villas seguro que hará las delicias de cualquier excursionista. Un agreste valle de alta montaña excavado entre grandes paquetes calizos que se superponen unos a otros a modo de un colosal tejado. Una tectónica de escamas que constituye un ejemplo de libro para los interesados en la disciplina geológica.

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